Diario De Elroth Woren
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Génesis

Yo era el elegido. El destino quiso que nuestros caminos se encontraran y ella vino a mi. Aunque intentaron deshacerse de mi, estaba claro que volvería algún día a reclamar lo que es mío por herencia. En lo más profundo de mi ser ya sabía que mi sino era reinar este país. Al cogerla en mis manos la verdad fue revelada al instante. Sólo es cuestión de tiempo, y él lo sabe… su final está cerca.


Apunte primero — Fundación del ejercito contra el usurpador — 17.02.07

Tras dejar a los asaltantes de Rufus a buen recaudo en los barracones de la guarda, nos disponemos a escoltarlo hasta su templo. Una vez allí nos pide que entremos, y que tengamos una charla con la sacerdotisa responsable del templo (Jenya Urikas). Ésta nos cuenta que están muy preocupados con la desaparición de los niños del orfanato, y que estarían encantados de que tratáramos de encontrarles, a cambio (por supuesto) de unos honorarios por nuestros servicios. Apenas hay pistas sobre los asaltantes. Nos cuenta que se llevaron a dos niñas y dos niños (todos humanos, excepto un niño enano). En el orfanato duermen en habitaciones separadas, que se cierran con llave por la noche. En las ventanas hay barrotes y no se encontraron evidencias de que las cerraduras fueran forzadas. Aceptamos la misión (tener “aliados” en los templos puede sernos de gran ayuda para nuestra empresa) y les pregunto si no hay algo más de información que nos pueda ser de utilidad. La sacerdotisa nos cuenta que utilizando el poder de un objeto mágico de su templo (La estrella de la mañana), obtuvo un oráculo acerca del paradero de los niños (parece poderoso ese objeto…). Además nos da unas pociones de curación que sin duda nos serán de gran ayuda. Me despido amablemente de ella, y le indico que mañana mismo nos pasaremos por el orfanato en busca de información.

Una vez en la posada y después de cenar, con unas cervezas sobre la mesa, comenzamos a debatir sobre el nombre del grupo. Hay nombres que me hacen rechinar los dientes… se nota que hay gente que sólo vale para repartir mandobles. A Lidda se le ocurre “La liga de Caldero”… (espero que no se refiera a la liga que llevaba puesta el día que se desnudó delante de todos en los túmulos). Alvin dice que a él le gustan los “Indómitos de Falcongris”… (no sé donde escuchó esa palabra, pero dudo mucho que sepa lo que significa). Bernardo dice que a él le gusta “Los protectores”. Por mi parte creo que los “Guardianes de Caldero” nos define mejor como grupo y sobre las tareas que realizaremos (mientras obtenemos fondos suficientes para formar un ejercito en condiciones, por supuesto). Tras una votación ajustada finalmente elegimos “Guardianes de Caldero” (sabia decisión, si señor).

Proseguimos con las celebraciones (creo que el enano está empezando a pasarse con la cerveza) y pasamos a discutir el otro tema peliagudo de la noche… la elección del líder del grupo. Bernardo empieza a divagar contándonos historias de cuando estaba en el ejercito de los enanos, un tostón vaya, entre su mala pronunciación y la tajada que lleva me cuesta horrores entender lo que está diciendo. Por fin termina su “batallita”. Miro a Lidda, Jozán y Alvin(creo que los tres pensamos que el ego de este enano es inversamente proporcional a su tamaño). Parece que ninguno de ellos está interesado en liderar el grupo, así que paso a explicarles los motivos que me llevan a querer ser su jefe. Por dios, Bernardo no para de interrumpir para poner pegas a todo lo que digo. Intentar razonar con un enano borracho es peor que enfrentarse a una horda de Trasgos!! Está ante el heredero legítimo del trono, y lo único que hace es comportarse como un chiquillo de escuela que quiere ser el encargado de la clase. Tratando de hacer entender a Bernardo que debe seguir al futuro rey, utilizo el hechizo de mi espada para que entre en razón.

Cuando termino todos permanecen en silencio. Jozán es el primero en hablar, y muestra su apoyo incondicional a nuestro objetivo. Lidda no parece muy convencida, pero dice que prefiere seguir al heredero al trono que a un enano beodo. Alvin parece no haber entendido nada, pero tampoco hace falta. Con los votos de Jozán y Lidda ya somos mayoría. Bernardo parece un poco contrariado, pero apura la cerveza, pide otra más a la camarera y empieza a cantar alegremente. Creo que por esta noche ya he tenido suficiente ración de “Pilonadas” y me cambio a otra mesa con la compañía de Azoth, a pensar en posibles métodos de financiación para mi futuro ejército.

A la mañana siguiente me levanto temprano para terminar de identificar los objetos que sacamos del túmulo. Resulta ser una tarea bastante inútil, ya que están todos malditos y no son de utilidad. Bajo a la sala común y me encuentro a todo el grupo listo para ir al orfanato… un segundo… falta Pilón… (seguro que está durmiendo la mona en la habitación). Le pido a Azoth que suba a ver si se encuentra allí, y sorprendentemente me dice "que suba otro, que a él no le apetece"… … … vaya…. me quedo de piedra… es la primera vez que Azoth me habla en ese tono… le pregunto si hay algún problema… simplemente silencio… Ya hablaremos más tarde. Subo a la habitación de Bernardo y parece que allí no está. Por todos los dioses, dónde se ha metido el enano cabezota. Al bajar me lo encuentro con el resto. Le pregunto donde ha estado y me dice que no es de mi incumbencia. Parece que todo el mundo se ha levantado con la pata izquierda hoy… en fin vayamos al orfanato.

Una vez allí llamo a la puerta. Parece que desconfían bastante de las visitas porque me cuesta un rato que nos dejen pasar. Nos recibe la directora del orfanato, una mediana de edad avanzada (Gretchyn Tashykk). Por todos los dioses, me lo parece o ¿le está tirando los trastos a Bernardo?

Nos invita a tomar algo mientras charlamos acerca de lo ocurrido. Nos dice que el único acceso a las habitaciones es a través de las puertas, y que éstas no fueron forzadas. Lidda comprueba las cerraduras y nos dice que son muy difíciles de abrir, y que tendría que ser alguien muy hábil para no haber dejado marcas al hacerlo. Le preguntamos a la directora si recuerda quién instaló las cerraduras, y nos dice que fue Laigan Ghelve y que les cobró muy caro el encargo. Le pregunto si alguno de los chicos vio u oyó algo. Nos cuenta que una niña tuvo una pesadilla la misma noche del secuestro. Subimos a hablar con ella. La niña se llama Erika, y nos dice que vio una figura con una capa llena de telarañas y con los dientes podridos. No sé si nos será de utilidad la descripción, pero al menos ya tenemos algún detalle de los secuestradores. Como aún es pronto nos encaminamos a la tienda de Guelve a ver si está metido en el ajo.

Llegamos a la tienda sobre las 12:30 del mediodía. Empezamos a hablar con él preguntándole acerca de sus cerraduras como si estuviésemos interesados en comprar alguna. Está tranquilo y a pesar de preguntarle si se pueden hacer duplicados de las llaves, y comentarle el caso del orfanato no parece ponerse nervioso. Parece que Bernardo se ha cansado de esperar y decide “tensar” un poco la situación. Pasa al otro lado del mostrador y se acerca a él con el hacha en la mano (muy sutil, si señor), aunque está dando resultado… vemos que Guelve nos hace gestos con los ojos señalando la cortina que hay tras él. Bernardo le saca fuera del mostrador y se mete en la trastienda. El cerrajero está muy afectado, así que le pido a Azoth que intente dormirle mientras registramos la tienda… pero Azoth me dice “que está muy a gusto al calor de la chimenea y que prefiere no moverse”… esto ya está pasando de castaño a oscuro… ya hablaremos tu y yo más tarde. Dejo a Lidda y Alvin vigilando a Guelve y voy tras Bernardo. Me lo encuentro en lo alto de las escaleras haciendo movimientos extraños… (todavía le dura la borrachera de anoche?) Mientras tanto el cerrajero trata de lanzar un conjuro para liberarse. Mala idea. Entre Lidda y Alvin le dejan inconsciente en el suelo de un par de golpes (de hecho el semiorco casi le abre la cabeza). Lidda viene a echarnos una mano. Salta por encima de la barandilla de la escalera y curiosamente aterriza de pie en lugar de con los dientes (vamos mejorando). Lanza una estocada al aire… por todos los dragones del universo, ¿contra que estáis luchando? Lidda me grita “ES QUE NO VES AL PUTO BICHO???” Yo sigo sin comprender nada, pero por la cara de dolor de Bernardo y el aviso de Lidda parece que algo tiene que haber… en fin… necesitarán de mi ayuda para acabar con la criatura invisible. Me preparo y lanzo uno de mis hechizos más poderosos, un rayo abrasador. Ante mis ojos se desploma la figura de una pequeña criatura achicharrada por mi rayo. Lleva una capa oscura, y tiene los dientes pútridos (Bingo!). Procedemos a registrar el resto del taller pero no hayamos nada. Creo que Guelve nos debe unas cuantas explicaciones.

Conseguimos reanimarle no sin esfuerzo (ya comenté que Alvin no es capaz de medir sus fuerzas). Termina confesándonos que entraron una noche en su tienda, y que le obligaron a hacer una llave maestra que abriera todas sus cerraduras. Además dice que secuestraron a su familiar (una rata) y que amenazaron con matarla si contaba algo de lo sucedido. Vaya, necesito un descanso. Me encamino al baño mientras los demás hablan con Guelve. A la vuelta encuentro que han conseguido encontrar un pasadizo secreto que baja a una ciudad gnoma, y además Guelve nos da un plano que perteneció a su padre. Nos será de gran ayuda sin duda.

Bernardo está empeñado en que nos acompañe para ayudarnos, pero el gnomo no está dispuesto a bajar allí bajo ningún concepto. Le pregunto por la recompensa que nos ofrece por rescatar a su rata, pero me dice que ya nos ha facilitado el mapa… he de reconocer que es una ayuda, pero no sé si será suficiente como pago por rescatarla. Veré si se me ablanda el corazón en el momento que tengamos que soltarla o no (siento bastante antipatía por los familiares últimamente).

Tras comprobar que todos estamos en condiciones, decidimos bajar a por esas criaturas del averno. Tras un tramo de escaleras llegamos a una sala cuadrada. Es curioso, se oye el canto de los pájaros y el ulular del viento (desde luego estos gnomos son unas criaturas hábiles). En uno de los lados de la habitación se encuentran dos puertas circulares con forma dentada. Una de ellas está bloqueada, con el espacio suficiente como para pasar dentro con dificultad. Vaya, creo recordar que la profecía decía algo sobre estas puertas… le pido a Bernardo que me refresque la memoria sobre los versos… (para eso están los escribas del rey). Me pone mala cara pero finalmente accede a decírmelo: “Cuidado con las puertas dentadas”. Mal augurio, habrá que andarse con cuidado.

Lidda se desliza en silencio y nos comenta que ha oído dos juegos de pisadas. No creo que el factor sorpresa sea uno de nuestros fuertes, así que lanzo un hechizo de luz al cetro para poder ver si hay alguien en la habitación. Aparentemente está vacío, y hay un agujero en una de las paredes. Bueno, parece que han huido a dar la alarma. Parece que ninguno tiene ganas de entrar el primero. Lidda dice que no puede entrar haciendo piruetas. Bernardo simplemente se da la vuelta y se pone a vigilar un pasillo (en cuanto a mi no creo que el futuro rey deba ponerse en riesgo si no hay necesidad). Mientras medito en el mapa qué camino tomar, Alvin decide tomar la iniciativa y pasa a través de la abertura (debería haberlo pensado dos veces…). De la nada aparecen dos hojas de espada que se clavan limpiamente a través de su armadura. Alvin grita furioso. Las dos criaturas se escabullen a través de los agujeros de la pared y Alvin se lanza a por una de ellas con los ojos inyectados en sangre y lanzando espumarajos por la boca. Los demás, casi sin tiempo para reaccionar salimos corriendo tras él. El túnel hace un par de giros, y termina en una pequeña habitación sin salida. La criatura resulta ser igual a la que encontramos en la cerrajería. No hay mucho espacio en la habitación, y decido hacerle hueco al resto para el cuerpo a cuerpo. De repente veo que Bernardo se queda detrás y me mira con cara de poker… “a qué estás esperando” le digo… “a que me des ordenes” me contesta (me hierve la sangre, a duras penas consigo refrenar el impulso de acabar con él a base de mordiscos en la yugular). Haciendo uso de toda mi paciencia le pido que pase a la habitación para acabar con la criatura. Ésta opuso resistencia, pero la sed de venganza de Alvin no le deja demasiadas oportunidades.

Tras acabar con la criatura seguimos el túnel en otra dirección y terminamos en una sala con una fuente. En el techo hay una gran telaraña (mal presagio). Por desgracia mis temores se confirman y aparecen diez arañas del tamaño de un perro. No hace falta decir que acabamos con ellas casi sin despeinarnos (esta gente sabe lo que se hace a la hora de empuñar un arma). Por fin un respiro, me siento en el suelo y extiendo el mapa. Creo que mis compañeros esperan más de mi que ser simplemente la cabeza visible del grupo. Así que ha llegado el momento de tomar las riendas de mi nuevo ejercito (o lo que diablos seamos)


Apunte segundo — En la ciudad de Jzaridune — 03.03.07

Después de un pequeño descanso ("parece que a Lidda le ha afectado el veneno de las arañas") continuamos en busca de los niños del orfanato. Seguimos uno de los pasillos, y al llegar a una sala grande descubrimos otro agujero excavado en la pared. Justo cuando vamos a entrar Jozán nos avisa: "AL SUELO". Me cubro lo más rápido que puedo, pero aún así no es suficiente y noto como una flecha me impacta en el costado. Por suerte ha sido una herida leve. Detrás de las columnas encontramos a dos de las criaturas a las que abatimos fácilmente ("en cuanto logramos discernir dónde se encuentran").

Seguimos el túnel y llegamos a otra sala con una única puerta por salida, ("y sí, efectivamente está cerrada"). Lidda se pone manos a la obra y me dice que tiene una trampa, pero que es mágica y no puede hacer nada. Aún así dice que quiere intentarlo y que intentará esquivarla cuando se active ("que poco aprecio por su vida"). El caso es que efectivamente, al abrirla un chorro de fuego sale del marco de la puerta, pero Lidda lo esquiva sin problemas ("sería una buena equilibrista en el circo"). Por fin llegamos a la zona más alejada del mapa donde creíamos que estarían los niños, pero resultan ser las letrinas y para colmo Lidda se lleva un par de rallos al no poder desactivar las trampas de las puertas ("como siga así la vamos a tener que recoger con pinzas").

En otra de las habitaciones encontramos otro túnel ("a estos vichejos les gusta más hacer agujeros que a cascacráneos abrir cabezas, pardiez"). Parece ser una antigua cocina, incluso tiene una lacena…. bueno… tenía. Cuando Lidda las abre se viene todo abajo. Mientras decidimos que camino tomar, nuestros "queridos amigos" vuelven a tomar el protagonismo y me obsequian un par de puñaladas traperas antes de salir huyendo ("desde luego estos bellacos merecen la peor de las muertes"). De repente en la habitación algo llama mi atención //{{("que bonito pareado"). Entre los restos de la lacena encuentro una barra de unas cinco pulgadas con una runa que identifico como una letra Z ("con esto seguro que conseguimos evitarle un par de achicharramientos a Lidda").

Decidimos seguir el túnel y salimos a una pequeña instancia llena de escombros. Nada más salir, nos encontramos con una extraña criatura. Es como una especie de cañón, y tiene un par de brazos articulados con pinchos, en los laterales. Desde luego está bien acorazado. Desde el fondo de la habitación oigo una voz que dice en la lengua gnoma "acaba con los intrusos". Lidda no se lo piensa dos veces y de un salto se sube encima de la criatura ("de nuevo esa increíble falta de aprecio por su vida"). Los demás empezamos a golpearle con todas nuestras fuerzas, pero no parece que le estemos haciendo mucho daño. Por desgracia poco después descubrimos para que servía el agujero que tenía la criatura en el frente. Un grito ensordecedor sale de la misma, y es lo último que recuerdo, todo lo demás son imágenes borrosas y un dolor punzante en mis oídos. Justo cuando consigo recuperarme veo a Lidda que ha conseguido acabar con la criatura ella sola ("vaya!!, que gran guerrera resulta ser esta chica, a pesar de su temeridad. Estará bien tenerla entre los generales de mi ejército."). Alvin está en el suelo bastante mal herido y Bernardo parece que también ha sufrido los efectos del ruido. Tomémonos otro pequeño descanso antes de continuar. Dentro de la criatura encontramos otra vara igual que la en la alacena pero con una A grabada ("no quiero imaginar cómo sería el llavero del sereno de esta ciudad").


De repente, mientras descansamos en la sala, me empiezo a encontrar raro. Es como si bebiera de una fuente de inmeso poder y sabiduría. ¿Quizá algún dios ha querido bendecirme en mi lucha por recuperar el trono?
Ahora que lo pienso, es más bien como si la experiencia de la caravana y los túmulos sólo me hubiese servido en parte, y de repente recuperase de golpe todas las vivencias experimentadas. Bueno, en cualquier caso: "Ya sé lanzar bolas de fuego" ;-P


Apunte tercero — Dónde estarán los niños… — 10.03.07

Esto empieza a ser un tormento. Siguen pasando las horas y ni rastro de los niños. Empiezo a temer que cuando lleguemos sea demasiado tarde.

Después de acabar con aquella aberración de la naturaleza, cuyo gritoera tan atronador como el rugido de un dragón, proseguimos con la exploración de la ciudad. Llegamos a una estancia en la que el enano encuentra una puerta secreta. En el interior hay una armadura de tamaño gnoma, y un baúl lleno de objetos. Mientras Lidda y Bernardo investigan la habitación me quedo vigilando el pasillo… ("si es que un buen monarca debe saber delegar, quién me mandaría a mi…"). De la nada aparece otra criatura ("esta era de tamaño más grande que las otras, incluso mayor que Bernardo… bueno en realidad eso tampoco es algo destacable") y se ofrece a extirparme los riñones ("sin anestesia ni un buen trago de alcohol"). Me siento débil. No sé que me ha hecho esa criatura infecta, pero casi no soy capaz de sostener la espada. Además de eso lanza un hechizo que hace que aparezca una densa niebla y desaparece de mi vista ("menuda novedad"). Empezamos todos a atacar la posición donde se encontraba pero ya es tarde, se ha esfumado ("pero no la niebla").

Decido entonces que tenemos que salir de allí lo antes posible, y optamos por seguir uno de los túneles para llegar a una habitación donde la niebla no pueda seguirnos. Llegamos a una sala con una palanca en la pared. Lidda sugiere que quizá sea un mecanismo para desactivar las trampas de las puertas ("con lo bien que ha hecho su trabajo hasta ahora, me parece que sabe de lo que habla"), así que decido hacerla caso y activar la palanca. "Aparentemente" (dedicado a Palo) no sucede nada.

"Bueno, pues habrá que intentar abrir la puerta." Lidda se prepara a desactivar la trampa, que intriga…. WUUUUUAAAAAAAAAAAAAAA!!!!!!!!!!!!!!! se activa una sirena que me recuerda al bichejo de antes, y además aparecen dos espadas translucidas que atacan a Lidda. Por suerte le eché antes un hechizo de armadura de mago, y eso le salva otro par de heridas. Sigue intentando abrir la puerta, y de repente empieza a soltar maldiciones en trasgo ("este hechizo de comprensión idiomática es muy curioso a veces"). Ha roto sus ganzúas, y parece que les tiene bastante aprecio. Bueno, nada que no se pueda arreglar con un hechizo de remendar ("parece que Lidda ya me debe unas cuantas"). Al final terminamos saliendo a una habitación con varias puertas, una de las cuales es una puerta doble que no es como las que habíamos visto en el resto de la ciudad. Mientras discutíamos que puerta abrir Bernardo encuentra otra puerta secreta en la pared ("que dios le conserve la vista por muchos años"). Decidimos explorar primero ese túnel. Por desgracia en el túnel hay una trampa y Lidda y Bernardo caen en ella, pero por suerte tan solo fueron un par de arañazos ("aunque Lidda está echa un cromo la pobre").

Llegamos a otra pequeña sala donde encontramos unos cuantos objetos por los que seguramente nos pagarán algo ("más fuentes de ingreso para empezar a ampliar mi ejército"). Volvemos a la sala anterior, y probamos a abrir la puerta de la que teníamos la llave ("de nuevo por seguir ahorrándole a Lidda sufrimiento innecesario"). Resulta ser un laboratorio LLENO DE POCIONES!!! Gracias al hechizo de comprensión idiomática puedo traducir las etiquetas, y se las voy leyendo a mis compañeros. Lidda agarra una para curar el veneno, y se la bebe de un trago…. nada… ("parece que están revenidas"). Bernardo prueba otra de curación ("supongo que por cabezonería") y queda demostrado que están estropeadas. Nuestro gozo en un pozo.

En una de las paredes Bernardo localiza otra puerta secreta ("oleeeeee"). Otra habitación llena de basura, aunque entre los restos localizamos alguna poción y algún objeto útil. Jozán se mete por detrás de un montón de basura, y al salir le vemos que lleva una criatura horrenda en la cabeza y que parece controlar sus movimientos, porque empieza a atacar a Lidda ("si es que se ve a la legua que está echa una braga"). Le asesta un espadazo, pero ahí está Albin, que sin intentar cualquier otra cosa antes, le asesta tres hachazos de la muerte a Jozán. La criatura cae muerta al suelo, y Jozán recupera el control ("pero no la salud física").

Tras este incidente decidimos seguir un túnel que había en la pared y llegamos a una sala con un objeto en el centro tapado con una sábana. Me dispongo a echar un vistazo alrededor por si hubiera alguien allí, pero a Lidda le pica la curiosidad y quita la sábana. ("siempre empeñada en ponerse en peligro"). Vaya… otra criatura de los aullidos. Lidda hace una pirueta y se sube encima, como hizo con el otro. Los demás empezamos a atacarle sin piedad. Esta vez ya estamos preparados y sólo Jozán se coloca delante de la criatura ("otro que no aprende"). Sin muchos esfuerzos conseguimos acabar con el constructo.

Siguiendo los túneles llegamos a otra sala grande, justo al otro lado de las puertas dobles que vimos anteriormente. Hay un par de plataformas situadas en un nivel superior y un gran engranaje cuelga del techo. Bernardo y Albin suben a una de las plataformas, mientras que Lidda decide ir por su cuenta a la otra ("mala idea"). Jozán y yo nos quedamos abajo. El engranaje del techo es realmente curioso, una obra de arte. Es una pena que la ciudad se abandonara, porque tenían artilugios extraordinarios y de gran belleza. Así andaba yo… en mis cavilaciones acerca de los gnomos cuando oí gritar a Lidda. Cuando miré hacia arriba, una criatura llena de tentáculos la mantenía apresada ("si sabía yo que no era buena idea"). Bernardo y Albin saltaron desde la otra plataforma para ayudarla… bueno en realidad saltó Albin. Bernardo se limitó a bajar como un pesado tonel hasta el suelo ("más bien caer"), y luego subió a la plataforma por las escaleras. Todos empezaron a atacar sin piedad a la aberración para que soltara a Lidda. Por un momento pensé en subir para hundir mi espada en sus entrañas que era lo que se merecía aquella criatura salida de la peor de las pesadillas, pero luego pensé que cuando llegara quizá fuese demasiado tarde para Lidda, así que opté por lanzarle un rallo abrasador. Cayó fulminada ("Empieza a tener demasiadas cuentas pendientes conmigo").

Lidda me cuenta que se siente muy débil, y que el último monstruo la ha debido envenenar porque se siente entumecida ("se acabó Lidda piruletas"). Le pido que aguante un poco antes de volver a subir a la ciudad. No podemos abandonar a los niños.

Siguiendo otro túnel llegamos a una habitación que está totalmente a oscuras. Ni siquiera el conjuro de luz ni las antorchas consiguen iluminar algo. Tampoco Bernardo ni Albin consiguen ver nada. A tientas avanzamos ("al final caeremos en un pozo sin fondo, por canelos") hasta que Bernardo tropieza con una criatura. Reculamos hasta la zona de luz, y aparece un ciempiés gigante, pero que no es rival para Bernardo ("viva el mata ciempieses"). Tras este nuevo encontronazo Lidda vuelve a insistir en que necesita subir a la ciudad para curarse. Debo intentar convencerla de que los niños son lo primero y que ahora nos necesitan ("qué clase de gobernante sería si antepongo nuestro bienestar al de unos pobres niños indefensos").


Apunte cuarto — Por fin la malaquita — 17.03.07

Nos encontrábamos descansando en una de las habitaciones, intentando convencer a Lidda de que debíamos seguir buscando a los niños, cuando de repente Jozán suelta un grito de dolor. Nos giramos todos, y Lidda echa a correr gritando que hay una criatura que se escapa por el túnel. Salimos todos corriendo detrás de ella, y al llegar a la habitación que tenía las puertas dobles, nos indica que se aleja por el túnel secreto en el que Lidda y Bernardo cayeron en la trampa. No me lo pienso dos veces ("si no conseguimos acabar con estas criaturas seguirán machacándonos sin que podamos hacer nada"). Me lanzo por el túnel y salto la trampa sin dificultad. Al fondo del túnel veo que hay abierta una salida que antes no habíamos visto, así que me lanzo a la carrera para intentar atrapar a la criatura. No sé si los demás me siguen, pero eso ya me da igual ("sólo quiero ver la sangre de ese rufian derramada por el suelo").

Al atravesar la puerta me encuentro en la primera sala a la que llegamos cuando bajamos a la ciudad. Si no recuerdo mal al pasar por el pasillo, la máscara de la pared soltaba una retahíla, y ahora no he oído nada ("uhm, la criatura tiene que estar por aquí"). Mientras observo la sala, la puerta secreta se cierra y me quedo solo ("o mal acompañado"). Me pego a una de las esquinas y calculo el área de la habitación. Una bola de fuego barrería la mitad de la sala ("quizá haya suerte y acabe con la criatura"). Empiezo a concentrarme para lanzar el hechizo ("fu, fu, cafú…") mierda, de repente se abre la puerta y aparecen mis compañeros. Les grito que la cierren, y me alejo un poco más por si acaso…. ("ahí vamos otra vez…"). En el momento cumbre del hechizo, la armadura no me permite terminar el gesto que estaba realizando ("mierda de armadura") y el hechizo se pierde sin que la bola de fuego llegue a aparecer ("la primera vez que lo intento, menudo fiasco"). Les grito a mis compañeros que salgan, que la criatura se ha esfumado y ya no está en la sala.

Cuando Lidda descubre que nos encontramos justo al lado de las escaleras para subir a la ciudad, vuelve a insistir con que tiene que ir a curarse. Jozán se une a sus protestas y dice que ya no le quedan casi hechizos y que necesita descansar y rezar antes de poder proseguir. Le pregunto su opinión a Bernardo, y me dice que lo que diga el jefe ("maldito enano testarudo y rencoroso"). Tras una larga discusión convenzo a Lidda de que investiguemos un poco más. Solamente abriremos las habitaciones de las que tengamos las llaves, y una vez que no podamos avanzar más, subiremos para recuperarnos.

Llegamos a una zona con varias puertas, pero sólo podemos abrir una. Nada que destacar ahí dentro. La siguiente zona nos queda lejos, y Lidda tiene cada vez peor aspecto. Para ser sinceros, la experiencia fallida con la bola de fuego me hace reflexionar y creo que todos necesitamos un descanso ("al fin y al cabo, muertos no ayudaremos a los niños y no sabemos cuánto nos queda por investigar, ni qué aberraciones encontraremos"). Así que les digo que subamos a la ciudad y que bajaremos lo antes posible, en cuanto estemos recuperados.

Iniciamos el ascenso hacia la tienda de Guelve, cuando de repente Bernardo nos dice que ha encontrado una puerta en la pared del descansillo de las escaleras ("¿una puerta secreta nada más entrar? No puede ser tan fácil") Lidda se pone manos a la obra, y consigue abrirla accionando un candelabro ("menudas manos tiene esta chica"). Aparece ante nosotros una pequeña instancia vacía. Le digo a Lidda que ella y Jozán vayan a recuperarse al templo, mientras nosotros investigaremos la sala y nos encontramos arriba. Declina la oferta y decide quedarse para echar una mano ("ese es el espíritu que necesitamos").

Se pone a cuatro patas por la habitación, ("buscando trampas, eh…") y nos dice que está limpia ("esta vez hemos aprendido de la trampa del otro pasillo"). Bernardo nos dice que en la pared del fondo hay otra puerta secreta ("si que nos está resultando de utilidad, si señor"). Cuando Lidda se encamina hacia la pared, el suelo se abre bajo sus pies ("buscando puertas secretas somos la pera, pero buscando trampas…"). En el último momento consigue hacer una voltereta hacia atrás y evita caer en el pozo ("pfiu") pero justo en ese momento se abre la puerta del fondo y aparecen cuatro figuras armadas con jabalinas ("Bernardo empieza a gritar de alegría al ver que son grandes trasgos, y que además puede verlos perfectamente"). Miran al fondo del pozo ("desde luego cualquiera de los demás estaríamos ahí abajo") para rematar a la supuesta víctima. Uno de ellos me lanza una jabalina y me acierta en el pecho. No ha sido una herida muy grave, pero hace que todavía tenga más ganas de machacar a alguien.

En un primer momento me decanto por una bola de fuego, ya que el foso sigue abierto y no puedo darles una estocada con mi espada ("que es lo que se merecen"), aunque me lo pienso mejor porque el espacio es muy reducido y podría dañar a mis compañeros. Finalmente lanzo un rayo, pero da en la puerta y no alcanza al objetivo ("si llega a ser la bola de fuego…"). Bernardo saca un arco, y tras darle varias vueltas ("dudo mucho que lo haya utilizado antes") consigue disparar un par de flechas. Una de ellas impacta en uno de los grandes trasgos que grita de dolor ("retiro lo dicho, menuda puntaería tiene el enano"). Cuando estoy preparando mi próximo ataque la puerta se cierra.

Lidda intenta inutilizar el mecanismo de la trampa para que podamos pasar, pero se vuelve a activar y está a punto de caer dentro. Se abre la puerta de nuevo, y ahí están nuestros amigos de las jabalinas ("parecen sacados de un coliseo"). Esta vez Bernardo y yo estamos preparados, y en cuanto asoman el hocico les damos la bienvenida con un rayo abrasador y un par de flechazos. Mi rayo da de lleno en una de las criaturas que cae muerta al instante. Las flechas de Bernardo esta vez no alcanzan ningún objetivo ("ya me parecía a mi que antes había sido cuestión de suerte"). Vuelven a cerrar la puerta rápidamente ("les tenemos acobardados").

Por segunda vez Lidda intenta inutilizar el mecanismo, y esta vez parece que lo consigue. Entramos todos en una sala octagonal con el suelo de madera y con una palanca en una de las paredes ("acompañando a la palanca hay siete grandes trasgos con cara de pocos amigos"). Después de tanto tiempo sin enfrentarnos a un enemigo visible y tangible ("me ha aparecido que a Albin hasta le han crecido los colmillos al verlos") nos duran un par de asaltos.

Lidda investiga la palanca, y nos dice que probablemente sirva para que la plataforma descienda. Ante la expectativa de un montón de salas nuevas por explorar, con un montón de enemigos esperándonos con los brazos abiertos, creo que será mejor que subamos a la ciudad a reponernos. Una vez que bajemos no habrá opciones de subir, y muertos no ayudaremos a los niños.

Subimos a la tienda de Ghelve, y Lidda y yo vamos al templo para que nos curen. Aunque es de noche, nos atienden amablemente y nos venden unas cuantas pociones ("será rácana la tía, nosotros jugándonos el pescuezo y no es capaz de regalarnos cuatro pociones"). Volvemos a la tienda para dormir un poco y recuperar los hechizos. Por la mañana, como Jozán tiene que terminar sus rezos, decidimos ir a vender el saco de objetos que hemos ido recogiendo. Vamos a la tienda “Provisiones Zanathor”. Resulta ser un gnomo ("¿tienen todos los negocios importantes de la ciudad, ¿o qué?") y se interesa por unos cuantos objetos de los que llevamos. También nos dice que suele patrocinar a grupos de aventureros, y que si seguimos yendo a venderle lo que vayamos encontrando nos hará buenos descuentos. Me da la sensación de que de momento no nos está tratando muy bien, porque alguno de los objetos que le vendemos son poderosos, y no nos ofrece mucho dinero por ellos ("esta vez lo dejo pasar porque el dinero que saquemos se va a repartir entre el grupo y yo no me voy a llevar nada por quedarme con el anillo de sustento y mi espada, pero en la próxima ocasión ya hablaremos de los precios…"). Le compramos una varita con 22 hechizos de curar heridas moderadas y Lidda compra un anillo de protección con su parte del botín.

Camino a la tienda de Guelve vendemos el resto de objetos en una joyería, y regalamos todos los objetos malditos que encontramos en los túmulos ("anda que cargar con toda esta basura…").

De nuevo en la cerrajería bajamos de nuevo a Jzaridune y le damos a la palanca de la plataforma. Empieza a descender… BRRRRRMMMMMM…según vamos bajando vemos que las paredes se vuelven de un color negro intenso ("por fin la malaquita!!"). Tras unos cuantos minutos la plataforma se detiene. Otra sala octogonal con una puerta en una de las paredes ("pero normal, no de las redondas"). Bernardo ("o super-detector") encuentra otra puerta secreta. Al abrirla encontramos una sala con una palanca en la pared. Intuyendo que sirva para controlar la plataforma la activamos. Suena un ruido de engranajes debajo de la plataforma. No ocurre nada más. Probamos a volver a subirla y comprobamos que retiene la plataforma abajo ("no sería nada gracioso encontrar a los niños y quedarnos encerrados eternamente aquí abajo").

Lidda abre la otra puerta. Hay una sala con un par de jaulas colgando del techo y una especie de monolito en el centro, con unas protuberancias de cristal ("que mala espina…"). Lidda y Bernardo se meten en la habitación ("Bernardo mira desconfiado el monolito, pero Lidda anda con su despreocupación habitual"). Cuando pasan cerca de la roca, las protuberancias toman vida y les atrapan. Un rayo y un par de hachazos de Albin fueron suficientes para liberarlos de nuevo ("como se le ve disfrutar cuando tiene un objetivo en el que hundir su hacha doble").

Tras cerciorarnos de que Bernardo y Lidda están bien entramos en la siguiente habitación. Nos da la bienvenida un ogro enorme ("esta vez el que sonríe de oreja a oreja es Bernardo"), que nos lanza un vial con un mejunje extraño. Cuando está a punto de impactárnos, Lidda se tira en plancha y lo coge al vuelo ("ante la cara de estupefacción de todos"). Con las mismas se la lanza al ogro ("que está vizco después de la demostración de Lidda") y le impacta en el pecho que empieza a arder. No hace falta decir que la heroicidad de Lidda nos espoleó a todos y acabamos con el ogro sin muchas dificultad.

Ya estamos cerca, lo presiento… niños aguantar sólo un poco más.


Apunte quinto — Cuando la malaquita se tiñó de sangre — 24.03.07

Tras registrar al ogro, encontramos un par de llaves (una pequeña y una grande). La pequeña abre un cofre que hay en la habitación que contiene monedas de oro y plata, y un hongo con un líquido dentro. Lidda y Bernardo buscan puertas secretas, pero no encuentran nada. Volvemos a la habitación del obelisco, y Bernardo descubre una puerta que antes le había pasado desapercibida. Lidda abre una pequeña rendija y nos dice que hay cuatro ogros al otro lado ("jeje, ha llegado el momento de volver a intentarlo"). Le indico a Lidda que abra la puerta lo suficiente para lanzar una bola de fuego, y que en cuanto lance el conjuro cierre la puerta ("de esta caen todos fritos, ya lo veo venir"). Me concentro ("una gran bola de fuego, una gran bola de fuego…") comienzo el intrincado recital de versos y movimientos ("una gran bola de fuego, una gran bola de fuego…") pero en el último momento la armadura no me permite estirar el brazo completamente y… no ocurre nada ("segundo intento de bola de fuego y segundo fracaso, empiezo a pensar que esta armadura está maldita").

Tras el fiasco de mi estrategia, todos saltan dentro de la sala y empiezan a atacar a los ogros. En el centro se alza la estatua de un enano de unos 3 metros de altura, y que se encuentra rodeada de unas cadenas llenas de pinchos. Tras el momento de decepción ("quizá sea mejor volver a la tienda de mis padres y continuar con el negocio familiar") recupero la compostura ("por dios, que soy el heredero del trono, en qué diablos estoy pensando") y me lanzo al ataque con más brío aún si cabe. Lanzo un par de rayos abrasadores a uno de ellos, y me lanzo con la espada desenvainada al grito de "MUERE BELLACO!!". Con un par de estocadas acabo con uno ("está claro que la espada y yo estamos hechos el uno para el otro").

Cuando terminamos con ellos tomo una decisión drástica: no llevaré más esta armadura. Me despojo de ella y la guardo para venderla en la ciudad. Para paliar mi fragilidad me echo un conjuro de armadura de mago ("seguro que voy más protegido que con la mierda de armadura"). Mientras estaba yo entretenido en quitarme la armadura, Lidda se acerca a la estatua para echar un vistazo. Bernardo le dice algo acerca de que es un trabajo de los antepasados de su raza y que lo deje en paz, pero Lidda no aparta la mirada de los ojos de la estatua ("no por la belleza de la talla, si no por las dos pedazo de gemas que conforman los ojos"). Como siempre Lidda no mide el peligro de sus actos, y al acercarse a la estatua las cadenas que la rodean cobran vida y la apresan con fuerza. Consigue soltarse, pero las cadenas atrapan también a Jozán y Albin. Y aquí comenzó todo. No sé si se debió a encontrarse en una antigua construcción enana, o que Lidda quisiera expoliar el legado de sus antepasados, pero a partir de este momento Bernardo se transformó en una máquina de matar. Cada golpe que daba parecía encontrar el punto más débil del rival, y lanzaba hachazos con precisión quirúrgica. La cadena quedó despezada en menos que canta un gallo, llovieron trozos de metal por toda la sala ("desde luego este despliegue de violencia no lo esperaba de un enano que hasta ahora sólo se había mostrado hábil recibiendo estocadas, y no dándolas").

Una vez libre, Lidda registra los ogros y decide subir a la estatua para coger las gemas. En el momento que la veo subir, intento distraer a Bernardo para que no se percate de lo que está haciendo ("en el estado en el que se encuentra prefiero no pensar en lo que la haría"). Pero no sirve de nada… al verla se enzarzan en una discusión acerca de si hay que llevarse las gemas o no. Como Lidda ya las ha arrancado decidimos llevárnoslas, pero Bernardo está de muy mal humor ("no para de murmurar: 'maldita ladrona lagarta' y un montón de maldiciones acerca de los familiares de Lidda") .

Abrimos una de las puertas que hay en la habitación y llegamos a un pasillo con una encrucijada y varias puertas. Bernardo entra y se cubre en una de las esquinas. Lidda hace lo propio, pero cuando está a mitad de camino el suelo se abre debajo de sus pies ("seguro que tiene una ligera sensación de "deja vu"). En el último momento hace un salto con una voltereta hacia delante y aterriza a salvo sin problemas. Los demás vamos entrando también. Bernardo nos dice que al fondo hay dos grandes trasgos, pero con mi hechizo de luz no alcanzo a verlos. Aún así creo que es un buen momento para lanzar una bola de fuego ("esta vez sin la armadura maldita que me moleste"). Esta vez va la buena. En mis manos se empieza a formar un orbe de fuego, que momentos después sale despedido hacia el fondo de la habitación donde Bernardo me había indicado ("BABUMMMMM, siiiiiiii, por fin… se me salta la lagrimilla"). Bernardo se acerca y nos dice que están los dos muertos.

De repente se abre una puerta al fondo y empiezan a salir un montón de grandes trasgos. Entre Albin, Jozán, Lidda y yo acabamos con ellos sin problemas ("bueno, llevo clavadas un par de jabalinas de recuerdo. Se nota que hasta estas criaturas infectas saben quién es el líder del grupo"). Salen unos cuantos más, así que Bernardo decide pasar de nuevo a la acción ("esta imagen tardará tiempo en desaparecer de mi retina"). Le asesta un hachazo a uno de los trasgos que se hunde en el hombro y cruza el cuerpo de arriba abajo y de derecha a izquierda, hasta clavarse en la pared. El trasgo cae partido por la mitad, soltando enormes chorros de sangre y con las vísceras por el suelo ("se me ha quitado el hambre para una temporada"). Las demás criaturas, al ver los ojos inyectados en sangre de Bernardo salen corriendo y cierran la puerta ("si piensan que una puerta va a detener a un enano testarudo y enfurecido lo llevan claro"). Bernardo engancha el hacha y empieza a asestar golpes a la puerta hasta tirarla abajo. Lidda decide investigar mientras tanto en las otras habitaciones, pero no encuentra nada útil.

Finalmente entramos en la sala donde Bernardo ha troceado la puerta, y nos encontramos una fragua. Hay una enana y un par de medianos atados con cadenas que están trabajando, y custodiándolos tres o cuatro trasgos. Uno de ellos coge a la enana por el cuello y amenaza con matarla. Tengo que actuar rápido. Le lanzo tres proyectiles mágicos que acaban con él sin que tenga opción de dañar a la enana ("veo que Azoth parece mirarme con cara de aprobación, puede que esté reflexionando"). El resto empiezan a atacar a los otros tragos. Jozán se lanza contra uno de los medianos que están apresados, dispuesto a asestarle un mandoble de su espadón ("otro que se ha vuelto loco"). Por suerte me da tiempo de avisarle de que deje al mediano y ataque a los trasgos antes de que cometa una locura.

Esta fortaleza va a resultar más grande de lo que esperábamos. Menos mal que subimos a la ciudad a recuperarnos antes de bajar aquí, pienso mientras liberamos a los medianos y la enana.


Apunte sexto — El rescate — 31.03.07

Tras comprobar que la enana y los medianos se encontraban bien, les pregunto qué les ha ocurrido y si saben del paradero de los niños o dónde se encuentran las mazmorras. Nos cuentan que fueron secuestrados hace un par de semanas y que les tenían trabajando con esclavos. La enana dice que oyó voces de niños, pero tampoco está muy segura y que no sabe llegar exactamente a las mazmorras, pero que hay que cruzar un río para llegar ("¿un río? ¿Se le habrá ido la cabeza?").

Mientras hablo con ellos Bernardo decide ("no sé para que necesita que le de ordenes si luego actúa por su propia cuenta") seguir avanzando por las habitaciones. Llega a una gran sala con un estrado elevado. En el centro hay una figura similar a un enano pero con rasgos ligeramente diferentes ("tiene los brazos más largos"). Está hablando con otra criatura que sostiene un cofre lleno de monedas. Junto a él se encuentra uno de los niños atado con una cadena. En la parte de atrás de la tarima, atados a unas columnas se encuentran el resto de los niños ("por fin"). Repartidos por la sala hay seis grandes trasgos y junto al enano deforme hay una criatura con forma de perro ("pero mucho más grande y con el cuerpo cubierto de púas, os podéis imaginar") que resulta ser un aullador.

Al principio no parecen extrañarse de nuestra presencia, y nos miran con curiosidad pero sin hacer nada. Les digo a mis compañeros que intentaré liquidar a varios de los trasgos con una bola de fuego ("lejos de los niños por supuesto"), y que esperen a que lance el conjuro para actuar. Bernardo de nuevo pasa olímpicamente de mis órdenes y se lanza contra el semienano. Se enzarza con la criatura y con el aullador y como resultado termina con varias púas clavadas por el cuerpo ("terminará como un colador"). Mientras tanto lanzo una bola de fuego con precisión milimétrica, y que deja a cuatro de los grandes trasgos bastante malheridos. También acierta a la criatura que sostenía el cofre, pero parece que apenas le ha producido daños ("mierda, un hechicero casi seguro"). Instantes después empieza a murmurar y a realizar extraños gestos. Bernardo le ve por el rabillo del ojo y le asesta un hachazo en mitad del pecho, pero aún así consigue mantener la concentración y termina el conjuro. Se desvanece ante nuestra mirada ("aunque ese es el menor de nuestros problemas. Tenemos a seis trasgos enfurecidos de los que preocuparnos"). Lidda y Albin están luchando con uno de ellos, pero no parece que le estén haciendo mucho daño ("sin embargo Lidda si que se lleva un buen tajo que la deja malherida"). Jozán la cura, mientras que los tragos se siguen acercando. Hay que tomar una decisión y rápido. Estoy bastante tocado por las jabalinas que me lanzaron en la habitación anterior… seguramente no aguante un espadazo de estas abominaciones. ("¿me tomo una poción, o gasto la última bola de fuego?") Si he de morir, que sea de una manera heroica. Me concentro, apunto al lugar exacto donde he de lanzar la bola para que no afecte a mis compañeros y la lanzo… se produce una gran explosión. Al abrir los ojos veo que los cuatro trasgos yacen en el suelo muertos ("jaja!!! Menos mal que me libré de la armadura maldita!!").

Una vez liberados de la presión por la inferioridad numérica, nos lanzamos con brío contra las criaturas que quedan. Finalmente acabamos con el aullador y los dos grandes trasgos. Ya sólo queda el semienano. Cuando le estamos atacando veo que parte de sus heridas se van cerrando según pasa el tiempo ("se regenera el muy condenao"). Ya le tenemos rodeado, sólo será cuestión de tiempo que caiga ("y de puntería"). De repente al fondo de la habitación aparece una criatura esférica con un ojo, una boca llena de dientes y un montón de tentáculos con ojos en la punta. Nos dice que uno de los niños no debería haber sido secuestrado del orfanato, y que debe volver allí. El semienano duda un momento pero le deja partir ("no se ha fastidiao, la criatura parece realmente peligrosa"). Azoth me pregunta si no veo a la figura que está flotando al lado de la bestia ("debe estar invisible"). Me dice que es una mujer encapuchada ("como si no tuviéramos bastante con un bicharraco, además una hechicera").

Sigo estando bastante tocado, y temo que al final alguien acabe conmigo ("cada vez se une más gente poderosa a la fiesta"), así que me retiro un poco y me tomo la poción de curación que me quedaba. Pero el condenado enano tenía que tener los brazos más largos de lo normal, y según estoy bebiendo, me da un buen tajo por la espalda. Por suerte lo aguanto bien y la poción me recupera gran parte de las heridas. Para evitar que alguien dañe al niño la criatura crea un muro de fuerza y encierra a Bernardo en una bola de energía ("me parece que va a ser buena idea no atacar a la criatura"). El semienano, aprovechando la distracción sale corriendo hacia una de las puertas. Albin ("por dios, ahora que le miro, tiene los ojos inyectados en sangre y suelta espumarajos por la boca. Da miedo") sale corriendo tras él ("será mejor que le eche una mano"). Le perseguimos pasando por un puente que cruza un río negro como la noche, y llegamos a una pequeña instancia. Albin le alcanza y le asesta un buen golpe ("pero no es suficiente"). De una gran estocada acabo con él ("tus fechorías han terminado bellaco").

Volvemos a la sala y esperamos a que se pasen los efectos de la esfera que atrapó a Bernardo. Una vez libre me dice que tenemos que subir a los niños a la ciudad. La enana y los medianos nos dijeron que había más gente encerrada en las mazmorras ("no podemos dejarlos aquí para que mientras subimos, los secuaces del semienano acaben con ellos como venganza"). Les digo que tenemos que rescatar al resto. Bernardo empieza a gritarme que nuestra misión era rescatar a los niños y que ya bajaremos a por los demás. Compruebo la situación en la que nos encontramos: ("Lidda prácticamente no tiene heridas, Jozán está sin hechizos pero tiene la varita de curaciones, Bernardo y Albin están bastante heridos pero pueden curarse con la varita y yo estoy sin hechizos pero tengo la varita de manos ardientes y mi espada que se ha mostrado suficiente en infinidad de ocasiones"). Le ordeno que rescatemos al resto antes de subir ("me mira con cara de odio") pero al final obedece. Cruzamos el río y seguimos por una de las bifurcaciones. Llegamos a una sala de tortura donde una humana llena de heridas está atada a una silla. Casi inconsciente consigue decirnos que las mazmorras se encuentran en la habitación contigua. Lidda se pone con las cerraduras y consigue liberar a los presos. Uno de ellos nos dice que es un Bardo y que tiene que recuperar sus pertenencias antes de subir, porque son muy valiosas. Jozán y yo empezamos a atender a los presos, darles algo de beber y de comer, mientras Lidda, Albin y Bernardo van a investigar otro de los pasillos por si hubiera algo más interesante. De repente nos avisan que salgamos corriendo porque hay un constructo en una de las habitaciones. Organizo la retirada poniendo a los rescatados en medio del grupo y salimos a la tienda de Guelve sin más problemas.

Una vez arriba nos pregunta por su familiar ("abajo le pregunté a uno de los cautivos si había visto una rata enjaulada, pero no hubo suerte"). Mala suerte Guelve. Nos encaminamos al templo para que curen a los heridos. Una vez allí la sacerdotisa nos da las gracias y nos paga por los servicios. Al contarle la historia del otro niño, envía un emisario al orfanato para comprobar si había sido devuelto sano y salvo. El bardo no deja de mirar a Bernardo de manera un poco rara. Finalmente resulta que tenía trato con su Clan, y por eso le conocía. Le cuenta que sus padres están preocupados por él y que debería volver por casa ("si siempre ha sido tan cabezota, seguro que sus padres montaron una fiesta cuando se marchó de casa"). Bernardo no parece muy contento de encontrárselo y se lo quita de encima rápidamente.

Por fin un poco de descanso. Llegamos a la posada y en lo único que puedo pensar es en un buen baño, una cena caliente y un cómoda cama. Dejo todo lo que hemos ido recogiendo en Jzaridune en una esquina de la habitación y me tumbo en la cama. Azoth se acomoda a mi lado y comienza a hablarme ("hombre, después de tanto tiempo por fin se digna a hacerme caso"):

"Al final todo ha salido bien. Durante un tiempo pensé que nombrar a un hechicero novato como líder del grupo no era lo más acertado. Sería mejor que un guerrero curtido en muchas batallas fuera el que hubiese tomado el mando. Aún así has demostrado una gran valentía, has sabido tomar decisiones en momentos difíciles, y has conducido al grupo a buen puerto. También es cierto que no has sabido manejar los problemas internos y eso seguramente traerá consecuencias. Creo que has crecido mucho como persona y como hechicero. Sería un honor ser tu familiar.
Lo que no termina de convencerme es que digas que eres el heredero legítimo del trono. Según me contaste eres hijo de un comerciante de la ciudad, y dudo mucho que sea cierto lo que dices."

La verdad me fue revelada en cuanto cogí la espada en los túmulos. Ante mi se mostró toda la verdad acerca de mi verdadero origen. La espada es la herencia de mi familia y la que me dará el poder para llevar a cabo mi faraónica empresa. Que la encontrara en los túmulos no fue una casualidad, estábamos predestinados. Tampoco la formación del grupo fue algo al azar. A partir de los Guardianes de Caldero formaremos el ejercito para combatir al usurpador, y mis compañeros serán mis leales capitanes. Por supuesto llevará su tiempo, pero es el destino el que nos guía.

Azoth me mira con cara de incredulidad. Finalmente me dice:
"Si no fuera por lo totalmente convencido que te veo, me echaría a reír por los suelo. Puede que lo que cuentas sea realmente cierto, o que se trate de alguna alucinación que te haya afectado. Deberíamos llevarte a un clérigo para que comprobara si estás en tus cabales.")

Me estás insultando. Sé que resulta difícil de creer, pero es la pura realidad. El destino está moviendo sus hilos y hará que recupere lo que me pertenece legítimamente por herencia.

Azoth me sigue mirando fijamente:
"De acuerdo, si realmente no tienes ningún mal no tendrás ningún problema en visitar a un clérigo antes de que partamos. La empresa que pretendes llevar a cabo será muy complicada y resulta demasiado increíble como para aceptarla por las buenas, necesito estar completamente seguro de que es cierta antes de que me tomes como familiar. ¿Aceptarás este pequeño trámite antes del ritual?")

Apunte séptimo— De nuevo en el grupo — 19.05.07

Algún día contaré lo que pasó tras la discusión en la posada con Azoth. En resumen podría decir que no accedí a su petición (no tengo ningún mal, y no necesito demostrárselo a nadie).
Finalmente Azoth accedió a ser mi familiar, pese a mi negativa.

Ha pasado bastante tiempo desde la última vez que escribí mis anotaciones. Han sido días muy laboriosos, sin apenas tiempo que dedicar a otros menesteres que no fueran difundir el nombre de los Guardianes de Caldero y hacer nuevos contactos para el fortalecimiento de nuestro pequeño ejército. Sin duda, ardua es la tarea de recuperar lo que me corresponde por herencia. He recorrido bastantes ciudades contando nuestras hazañas y buscando gente que se enrole en nuestras filas, mas poca gente hay comprometida con nuestra causa. Mi moral no se doblega ante estas adversidades. He de perseverar hasta que el usurpador yazga muerto a mis pies. En este tiempo de reflexión también decidí que mi espada no merecía ser huérfana de nombre y la bauticé como Mormegil.

Una vez hube regresado de mi periplo por las ciudades vecinas a Caldero, me encontré con mis camaradas en la posada del Morcoz borracho. Lidda me relató fugazmente que habían encontrado parte de las varitas que Genhia nos habían encomendado recuperar. Las tienen una banda de ladrones en unas grutas secretas debajo de la ciudad ("otra Zaridune no, por favor"). En ese momento habían subido a descansar y recobrar fuerzas, pues los jefes de la banda eran tipos peligrosos y les habían causado bastantes heridas ("son como niños pequeños, perdidos sin su progenitor que les guíe").

A la mañana siguiente me guiaron hasta la entrada. Sabiendo que estarían alerta, intenté que entráramos en silencio, utilizando unas pociones de ocultación, mas no dio ningún resultado. Al abrir una de las puertas, una criatura con forma de sapo gigante se abalanzó sobre nosotros ("por fin, vuelta a la acción"). Era bastante hábil en combate, pero conseguimos mantenerla a ralla ("o eso pensaba yo"). Le lancé varias estocadas con Mormegil. Justo cuando está a punto de fallecer, soltó un grito agónico que casi me perforó los tímpanos. A Azoth, el grito parece haberle afectado en demasía, así que le pedí a Jozán que le curara mientras acabamos con la criatura.

Del fondo de la habitación apareció otra criatura idéntica a la anterior, y otra mucho más grande de color azúl y unas enormes garras óseas en las manos ("el primo de zumosol, vaya"). Aragorn, envalentonado fue hacia el sapo mientras los demás se enzarzaban con el otro bichejo. En vista de que Aragorn se encontraba solo, y que su falta de experiencia en estas lides, quizá le juegue una mala pasada, decido unirme a su lucha. "Llegó la hora de poner a prueba uno de mis nuevos hechizos", pensé. Concentración…, y de repente aparecieron 7 ilusiones de mí mismo a mi alrededor ("soy la hostia ¿o qué?").

De lo que pasó a continuación prefiero no dar demasiados detalles, porque no me siento muy orgulloso. Seguramente la falta de práctica con Mormegil durante las últimas jornadas, hizo que fallara varios golpes. Incluso en una de las ocasiones me cegó una luz y me quedé un rato sin poder atacar. Tampoco a Aragorn las cosas le iban bien ("se nota que necesita un poco de adiestramiento en la batalla. Debería hablar con Bernardo para que le diera unas clases…"). Mis clones fueron recibiendo los ataques de la criatura que parecía cada vez más desconcertada. Finalmente de una estocada acabé con aquella aberración de la naturaleza.

Mientras nuestros compañeros seguían atacando a la mole azul. Algunos recibieron heridas serias ("Albin estuvo a punto de morir") pero salimos del paso y finalmente abatimos al enemigo.

Estuvimos buscando por la sala y vimos que estaban construyendo una especie de jaula para alguna invocación o similar ("que mal rollo dan estas cosas"). También hayamos en un yunque un compartimiento con varios objetos y bastantes monedas. Entre ellos había una capa mágica que identifiqué. Resultó ser bastante buena, pues permitía andar por las paredes y por las telarañas, y protegía del veneno de las arañas. Consulté con el grupo si les parecía bien que la llevara Albin ("si quedábamos atrapados, es el más idóneo para luchar sólo") y todos dieron su beneplácito.

Continuamos investigando la zona, en busca de las varitas. Llegamos a una habitación en la que Lidda buscó trampas y aseguró que no había ninguna. Entramos tranquilamente ("mierda de confianza"). De repente el suelo descendió varios palmos, dejando al descubierto un tapiz de pinchos afilados. Al mismo tiempo desde el techo cayeron más pinchos. Azoth de nuevo quedó malherido ("voy a tener que comprar algo para protegerlo, porque menudo día tuvo") mas Jozán volvió a sanar sus heridas. De una repisa superior aparecieron cuatro arqueros que comenzaron a dispararnos. Albin y Lidda treparon por las paredes hasta su posición y acabaron con un par de ellos. El resto fenecieron bajo un par de mis rayos abrasadores…

Apunte octavo — En un pozo de negrura — 29.12.07

Todo se ha vuelto muy confuso desde la última entrada en mi diario… Por un maldito incidente en Caldero con unos cambiaformas Mormegil ha desaparecido. Algún malnacido (que arderá enternamente en el infierno cuando le coja) me robó mi espada, la herencia que mi padre me dejó, el legado de mi familia…

Parece que nada ha tenido sentido desde entonces… me dedico a deambular por el Valle de Elsir desde entonces. Lidda parece haber tomado el control del grupo y nos dedicamos a exterminar grupos de trasgos que se encuentran asolando la zona. Son muchos, y me siento desnudo sin Mormegil, no me ha quedado más remedio que recurrir a mi magia para sobrevivir este tiempo. En innumerables ocasiones me encontraba blandiendo una espada imaginaria en mitad del campo de batalla, como en aquellos magníficos tiempos en los que formábamos un único ser, infalible, destructor.

He visto caer ciudades asediadas por las hordas enemigas… ciudades que nos pidieron ayuda y nosotros les dimos la espalda. Lo peor de todo es que no tengo ningún remordimiento al respecto… ¿será que la bondad me ha abandonado junto a Mormegil?

Debería volver a Caldero a buscarla, es el último sitio en el que la vi, pero no me siento con fuerzas para emprender la búsqueda. Siento que me hundo en un pozo de negrura… cada vez más profundo…

Apunte noveno — Saliendo del pozo — 01.02.08

Todo ha cambiado desde mi última entrada en el diario. La pérdida de Mormegil pesaba como una losa sobre mí, pero he recuperado el ánimo y las ganas de continuar con mi misión. Todo ocurrió hace un par de días. Nos encontrabamos en medio del camino que une Brindol con Caldero, limpiando la zona de grandes trasgos, más por la falta de un objetivo claro que porque estuviesemos cumpliendo una misión. Habíamos destruido una empalizada que bloqueaba el camino, y nos encontrabamos resucitando a Lidda que había caído abatida por un ogro enorme ("y su enorme cachiporra"). Fue toda una suerte que encontraramos el bastón de resurrección en las ruinas del castillo. El caso es que mientras meditabamos hacia donde deberíamos dirigir nuestros pasos, Azoth me avisó de que por el camino se acercaban tres jinetes. De repente, sentí esa extraña sensación que me ocurre de vez en cuando ("más o menos cada vez que subo de nivel") y creí que sabía como volverme invisible, así que lancé el hechizo y funcionó. Me quedé a un lado del camino esperando a que llegaran. El resto del grupo se escondió entre la maleza. Cuando llegaron a nuestra altura pudieron localizarles con facilidad ("poner dos ramitas delante no es esconderse"). Eran dos hombres y una mujer. Los hombres al localizarnos desenvainaron sus espadas así que me dispuse a invocar un león para defendernos, pero justo en ese momento se pasó el efecto del hechizo de invisibilidad ("estas cosas deberían venir en el manual de instrucciones"). Cuando la mujer me vió, pidió a sus acompañantes que guardaran las armas, y estos la obedecieron. Desmontaron y se inclinaron ante mí. Me contaron que su padre les había enviado desde la ciudad de caldero para que se pusieran a mis ordenes, a las ordenes del auténtico heredero al trono. Por lo visto su padre había oído hablar mucho de mí, y quería que su familia (Fisher) me ayudase en mi causa. En ese momento sentí que el cielo se abría ante mí y que las dudas que tanto tiempo llevaban atormentandome se disipaban por completo. Yo estaba en deuda con mi pueblo. No podía permitir, como estaba haciendo el usurpador de mi trono, que este país fuera un lugar inseguro para sus habitantes y por tanto debía acabar con toda amenaza que enturbiara la tranquilidad de los ciudadanos. Así que hinchando pecho, ordené a todo el grupo que recogieran los enseres. Nos dirigiríamos a la zona en la que Azoth había visto a las criaturas aladas.

Emprendimos viaje hacia la zona de marismas que Azoth nos había indicado. Durante el viaje tuve oportunidad de hablar con mis nuevos seguidores, y he de decir que sentía más empatía con la mujer recién llegada que con alguno de los miembros del grupo. A veces tengo la sensación que el único motivo que les mueve es el poder y el dinero, sin que nuestra causa les importe lo más mínimo. ("jur jur")

Tras una jornada de viaje realmente agotador a través de las marismas llegamos a una pequeña isla. Allí yacía muerto un ave parecido a un buho pero de tamaño descomunal. En una de las patas llevaba una anilla con algo escrito en élfico que Cibeles pudo leer. Resultó ser un nombre (). Cuando estabamos examinando el cadaver desde el agua nos atacó una extraña criatura, una especie de mezcla entre lagarto y dragón. No sin dificultad, conseguimos acabar con ella. Cuando estabamos reponiendonos de las heridas aparecieron cinco elfos a lomos de unos buhos como el cadaver que habíamos descubierto. Tras convencerles de que no eramos una amenaza, nos llevaron ante sus líderes para que les comentaramos lo sucedido.

Desde luego nadie podría haberse imaginado que en aquel lugar existiese una ciudad. Habían construido casas en lo alto de los árboles en algunas de las islas, y a no ser que se localizaran desde el aire pasaban totalmente desapercibidas. Nos comentaron que últimamente se había incrementado el número de hombres lagarto que frecuentaban la zona, y que habían avistado un dragón negro merodeando por la cienaga, aunque todavía no habían sufrido ataques. Nos indicaron que se habían establecido en unas ruinas que se encontraban en el centro del lago (). Debíamos hacer algo. No podía permitir que una horda de enemigos campara a sus anchas por la zona, y encima con un dragón entre sus filas. Esta vez descubriríamos si los dioses nos apoyaban en nuestra causa o si nos encontrabamos solos. Les rogué algo de ayuda para acabar con la amenaza que para ellos representaba, pero a lo único que accedieron fue a llevarnos hasta la zona.

Nos llevaron en unas barcas y nos dejaron cerca del lago. Mientras avanzabamos lo más silenciosamente posible, localizamos una patrulla de hombres lagarto que controlaba el acceso al lago. Decidí enviar a Azoth con un hechizo de invisibilidad que le lanzó Cibeles a dar una vuelta alrededor del lago para ver si había más patrullas en los otros accesos. Cuando volvió nos dijo que efectivamente había patrullas alrededor de todo el lago. Así que como siempre, empezamos a debatir sobre que debíamos hacer para llegar a las ruinas. Unos opinaban que había que ir directamente, otros que teníamos que atacar a las patrullas… finalmente el hijo de Fisher me preguntó que ordenaba que hicieramos. Hasta ahora siempre me había gustado tomar las decisiones consensuadas con todo el grupo, e incluso me pilló de sopetón la pregunta, pero sin duda sabía cuál era la mejor opción ("siiiiiiiiiii siiiiiiiiiiii"). En la zona en la que había menos patrullas atacaríamos a una, tratando de no llamar la atención del resto. De esta manera podríamos tantear al enemigo, y ver si debíamos ir atacando patrulla por patrulla o podíamos dirigirnos al centro del lago directamente.

Mientras nos acercabamos en silencio, se me ocurrió un plan para que el ataque fuese más efectivo. Le lancé a Lidda un hechizo de volar, junto con otro de invisibilidad ("mayor"). De esta manera pudo acercarse a la patrulla e ir acabando con ellos mientras nosotros nos acercabamos. El plan resultó efectivo, pero al no poder utilizar hechizos más potentes para no llamar la atención, dos de los hombres lagarto consiguieron escapar y se dirigieron hacía las ruinas del centro del lago. Ya no tenía sentido discuitir, así que comenzamos a remar con fuerza hacia allí. Tras acabar con los guardias que nos fueron saliendo al paso conseguimos llegar a las ruinas de un campanario y desembarcar.

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